(fragmento)
I
Dos magníficos fantasmas en Florida
aprendieron de noche
la torpe danza del beso
Ella era blanca, él tenía los dedos flacos
Ella hacía que se caía
Él la iba a sostener
Es que mi duramadre no respira
y batallo a diario contra mi amnesia
un sendero de adoquines
sin embargo
y una ventana de jazz